21 de noviembre

ESCRITOS DE LA MADRE
MARGARITA DIOMIRA
EN EL DÍA DE LA PRESENTACIÓN
DE MARÍA SS. EN EL TEMPLO

Y OTROS EVENTOS IMPORTANTES EN SU VIDA

 

[…] Yo he sido, de tiempos inmemoriales, el motivo del pensamiento de mi Dios… ¡Dios siempre ha pensado en mí! Dios se ha ocupado de mí, Él ha puesto sus complacencias sobre mí… Yo no las tenía… y Él me las ha presentado… Yo del todo no existía… y yo existía en el pensamiento divino… ¡Dios me ha amado! Él me ha preparado una vida, una vida razonable, una vida de amor… sí, yo veo mi vida como un claridad de luna, yo la entreveía esta mañana… es un tejido cuya orla es un hilo de oro… es el hilo del amor divino… y sobre este tejido yo he visto piedras preciosas… hay diamantes, rubíes, esmeraldas… hay perlas sin valor, o mejor, de un valor infinito… Estas piedras preciosas yo las encontré el día de mi entrada al pensionado, desde el día de la confirmación, desde el día, sobre todo, de mi primera Comunión… en el día de mi voto perpetuo de castidad, de virginidad, de mi entrada en religión, de mis profesiones… de mi voto de víctima… desde el 14 de setiembre de este año hasta el 21 de noviembre del año pasado, etc., etc.
Este tejido me ha fornado como un ornamento real… me he encontrado esta mañana como toda vestida y como una reina me he dirigido al trono del Altísimo. María, la virgen sacerdotal, me había prestado su vestido de virgen inmaculada; y mi capa de púrpura estaba pintada con la sangre del Cordero, mi divino Esposo… Con audacia, con un santo orgullo, he avanzado hasta el trono de la divinidad… Yo debería haber inclinado la frente y enterrarme en el polvo… pero sin embargo yo me sentía como forzada a levantar la frente y a mantenerme con esta noble osadía… ¡Ah! Es fácil de comprenderlo… me he encontrado apoyada sobre mi divina Madre, la reina del cielo, me he encontrado como escondida bajo las formas de mi divino esposo… ¿Podía temer que el Padre me rechazara una mirada de amor? ¡Ah! Ciertamente, no. Y he aquí cómo explicar mi audacia.
He avanzado… he rezado… he pedido… Después, posesionándome de mi tsoro, el corazón de mi Jesús, luego cogiendo mis riquezas, las divinas especies eucarísticas… he dicho: “¡Padre, Padre mío… tomad y dadme todo lo que de derecho me corresponde!” ¡Dios mío!  ¡Maravillaos!
¡Una miserable creatura, una pequeñísima nada tiene el valor de hablar así a vuestro Dios! Sí, yo he pedido este valor, porque la nada se queda nada, pero la nada llega a ser todo a través de Jesús, en Jesús… MMDC 21/11/1913. 

[…] Él dice: “Mírame, mira humilde y querida creatura, oh hija mía, esposa mía, mi privilegiada entre mil… mira, yo veo la Tierra con un ojo particular… Yo busco un alma que pueda comprenderme y unirse a mi Amor, por el Amor esencial. ¡Oh! ¡Qué almas más bellas! Almas puras, almas fervientes, inocentes, humildes, seráficas… Almas devoradas por el amor y por amor, y aún no es a ellas a quienes yo he querido dirigir mi mirada, la dulce tierna mirada de mi corazón, pero a ti, oh pequeña nada, esa mirada se ha detenido sobre tu pequeñez, sobre tu nada, sobre tu misma ingratitud… Mas yo te he encontrado bella porque yo amo y el Amor no ve más que lo bueno, lo bueno de la cosa amada… Si tú eres bella, tú eres bella también con estos dones de los cuales mi corazón te ha enriquecido y yo me he dicho:  “He aquí que yo la ha elegido en  medio de todas las hijas de Jerusalén”. Ven, respóndeme, soy yo… tú serás reina al lado del gran Rey, tú serás la pequeña Hostia, unida a la gran Hostia. Tu corazón unido al corazon de Jesús será el Tabernáculo donde el fuego sagrado deberá permanecer siempre encendido, donde el Amor divino estimado, considerado en su esencia sin ninguna relación con las creaturas, ni a tus propios intereses, será adorado, agradecido, recibirá continuamente sacrificios y holocaustos. ¿Quieres venir?
¡Ah! Yo he respondido a la grande víctima de Amor… “He aquí la pequeña víctima… ¡Heme aquí!…” Los instantes transcurren y el momento se avecina: Jesús… Jesús, yo vengo… ¡Oh María, ofréceme a tu Jesús! Todo se ha realizado, yo estoy unida con las dulces y misteriosas ligaduras de amor. El Amor divino me posee… Jesús ha venido y ha hecho pasar a la pequeña víctima del corazón a la gran víctima y en Él y por Él el Amor Divino me ha acogido… Mi voto, mi santo y dulce voto ha sido pronunciado, ¿qué más puedo desear? ¡En este momento no puedo desear otra cosa que el cielo! ¿Cómo hablar de mi felicidad de esta mañana, del momento deliciosamente encantador en el cual yo me he ofrecido al amor de mi Jesús? ¿Cómo hablar de ello? ¡Oh! No es posible, no es necesario… Yo diré simplemente una palabra: “Él lo toma todo, Él es la síntesis de las obras divinas”  MMDC 21/11/1921.

¡Dulce , dulcísimo aniversario!
¡Mi voto de amor! Vuelvo al pasado…allá en Parma… la preparación… que seguía a la inspiración, la manifestación, la petición… el permiso… la duda, la espera, la palabra de orden del que dirigía mi espíritu… y después la resolución, la ejecución, la dulce realización!
Sí, aquel día, aquel acto era el preludio de todo aquello que siguió, la obra del Amor… la Sociedad del Divino Amor… mi vida no es más que amor…
Hoy, con todas las fuerzas de mi corazón, he renovado, renuevo! Vuelvo a pensar en mi querida Madre J. P. Hoy ella termina sus Ejercicios Semestrales… Nuestros pensamientos y nuestros afectos ciertamente se han encontrado en Él, el Amor! Reflexiona en tu Sacerdote, oh Jesús, instrumento sagrado en tus manos, oh Dios mío…
Hoy, ya desde hace tiempos separado de nuestra tierra, ¡oh! ciertamente tú lo habrás acogido en tu gloria, si no fuese ¡ah! Señor, ¡ay! hoy mismo, se abra para él la  visión
beatífica! ¡Mi querida Madre mía María! Ruega por tu hija y por todos los intereses del Divino Amor en ella y en la obra que el Amor nos ha confiado.  MMDC 21/11/1937.

Los comentarios están cerrados.