Algunos escritos sobre la Asunción

A.M.C.J.A. y G.

16 – 08 – 1915

“Me ha sido del todo imposible escribir ayer y antier. Me he repuesto hoy porque tengo algunas cosas pequeñas que revelar. El sábado, vigilia de la Asunción, he hecho mi retiro; he regresado feliz y Jesús ha querido darme un regalo; esto es, me ha concedido la gran dicha de una bendición eucarística que yo no me esperaba.

Ayer, fiesta de mi Madre, día de gran benevolencia, pero no una benevolencia sensible, sino una benevolencia de voluntad: a la 1:00 de la madrugada: conversación con mi divina María, recuerdo de mi infancia, vida de amor, unión con Jesús a través de María, gracias recibidas durante el día, sobre todo durante la comunión. He pedido a María ser un alma de amor, que habré de alcanzar según el plan de la divina voluntad, si bien hasta el presente he respondido con fidelidad a la gracia.

Durante la mañana he tenido un sufrimiento moral, pero que me ha hecho bien. Durante la tarde otro sufrimiento moral y también temor por el porvenir. Yo confío todo a Jesús porque me fío de Él, pero mi corazón está afligido. Yo sufro al ver sufrir a mi Madre… y sin poder aliviarla, no obstante mis oraciones, mis sacrificios y mis lamentos filiales…”  MMDC

15 de agosto de 1921                                            

La Asunción de María,  hora: 2 de la mañana

 

“Oh Madre mía, en este día, a esta hora que es el aniversario de tu glorioso triunfo y que me recuerda aquel día en el que por ti me consagraba a Jesús, Esposo de las Vírgenes, con voto de perpetua virginidad y castidad… ¡Oh Madre, escucha a tu hijita! Tú sabes lo que yo dseseo, aún más, lo que yo quiero. Toma, oh Madre, mi alma, mi cuerpo, toda a mí misma y ténme bien apretada… guárdame tú… ¡Ah! De ello tengo una gran necesidad, quizás más necesidad de aquel entonces, cuando a los siete años te ofrecía, por primera vez, en la simplicidad del corazón, en el empuje de los afectos, en el candor de mi infancia, aquel lirio que Tú tanto agradecías, y que justamente tomaste por tuyo y que guardaste con corazón materno… ¡Oh! Sí, Madre… hoy en mis presentes condiciones, quizás, tengo más necesidad de ti… Oh Madre, ¡socorro!… haz que yo pase en medio del fango sin mancharme; en medio del fuego, sin quemarme; en medio del humo, sin ennegrecerme… 

¡María, María, María! guarda a tu hija… En fin, tú conoces el resto… Hoy es nuestra fiesta… debería ser una de las más solemnes de nuestras fiestas… ¡Madre… hazlo tú… consuélanos! y haz que lo más pronto posible nos podamos estrechar bajo tu cándido manto, entrando en la Casa del Dios tuyo y nuestro, del Jesús tuyo y nuestro, del Amor Increado… Oh María, hoy, sí, hoy esperamos cualquier cosa de ti… y estamos seguros que tú nos escucharás… Lo sé, lo siento y con esta seguridad vivo en paz… Oh María, ¡ay! que el año próximo sea éste un día de amor y de triunfo para nosotras, allí donde Jesús nos quiere!; donde tú debes ser la Madre, la Reina, la Maestra… el todo después del Amor de Jesús…”  MMDC

Los comentarios están cerrados.