Carta por la Natividad de María

AMDG     DCDG

10 de setiembre de 1929

Novena de la Natividad de María Santísima

En esta sagrada Novena nos reuniremos estrechamente todas alrededor de nuestra querida Madre y, contemplándola en su nacimiento, le prepararemos todo, todo aquello que le puede ser necesario para venir a nacer espiritualmente en nuestro corazón.

1º. Día: El cuartito: será nuestro corazón por el que nos apresuraremos a quitar todo aquello que pueda dar disgusto a la pequeña Reina, esto es, todo pecado deliberado, por más pequeño que sea, y la colocaremos de nuevo con actos de sincera contrición, que repetiremos con frecuencia durante el día. Recitaremos un  “Acordaos” por la conversión de los pecadores. Cada día de la Novena se sacará el nombre de la Novicia que al día siguiente deberá narrar un ejemplo edificante que hable de María.

2º. Día: La cunita: hecha toda en finísimo oro; atendiendo fiel y devotamente a todos los ejercicios de piedad y con fervientes oraciones jaculatorias y comuniones espirituales, repitiéndolas con frecuencia durante el día. Para pedir a María su válido apoyo para las almas tentadas, recitaremos una “Salve, Regina”.

3º. Día: El colchoncito y la almohada llenos de plumas finísimas, pero bien suavecitos, para no hacer sufrir a la delicada Niñita y los prepararemos con la práctica de la más exquisita caridad hacia nuestro prójimo. Oraremos por el triunfo de la Santa Iglesia y particularmente recitaremos las letanías de la Virgen.

4º. Día: Las sábanas y las fundas hechas todas de tela finísima, con la modestia religiosa practicada según la Regla del Sto. Padre Ignacio, leer durante el día las Reglas de la Modestia. Recitar  “Ave, Maris Stella” para obtener la modestia religiosa para todas las almas consagradas a Dios.

5º. Día: La colchita toda de seda, recamada en oro, con una grande fidelidad a la Regla del silencio, tomado según el espíritu de las Constituciones y procurando durante las recreaciones ejercitar el espíritu de celo hacia las propias Hermanas. Debemos ser sembradoras de buenas palabras que después produciremos buenas obras. Recitaremos un “De Profundis” o también, 10 “Requiem aeternam” en sufragio del alma que está detenida en el Purgatorio por las faltas de silencio.

6º. Día: Los velos para adornar la cuna de color celeste. Este color nos habla de cielo, por consiguiente, en este día haremos que nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestras palabras sean inspirados en ideales celestiales: “Sursum Corda”. Todo por Dios. Repetiremos con frecuencia con el Santo Protector del Noviciado: “No he sido hecha para las cosas de la tierra, sino para las del cielo, y para éstas debo  vivir y no para aquéllas”. Recitaremos tres Ave Marías para obtener el desprendimiento de las cosas terrenas para las almas religiosas.

7º. Día: Los fajeros: serán bien finos, pero bien resistentes con el ejercicio de la mortificación de los sentidos, especialmente de los ojos y del gusto. Haremos una mortificación especial durante las comidas. Ofreceremos el Santo Rosario a María con la intención que Ella dé una ayuda especial a las almas que sufren tentaciones en su vocación religiosa.

8º. Día: La camisita hecha con el tejido más delicado y, por consiguiente, haremos un buen ejercicio de humildad aceptando con gozo las ocasiones que nos vengan para humillarnos. Ofreceremos un obsequio especial a María para obtener para nosotras y para todas, la santa humildad.

9º. Día: El vestidito todo de seda y los velos blanquísimos, elaborados lo más cuidadosamente posible y lo haremos con el no negar nada de cuanto la Virgen nos pedirá, especialmente en la observancia de la Santa Regla. Pediremos a la Virgen, con el rezo de una especial oración, para que todas las Oblatas al Divino Amor seamos fieles a la observancia religiosa de las Reglas y Constituciones.

10º. Día: Rodearemos la cunita con cándidos lirios y con púrpuras rosas, con actos de puro amor. Invitaremos a la celestial Niña a descender y reposarse en ella y encontrar allí sus complacencias y que nos conceda la gracia del espíritu de la Sociedad y de la perseverancia final.

M. Margherita Diomira Crispi, RODA

Superiora General

Los comentarios están cerrados.