Escritos sobre la Navidad

ESCRITOS  SOBRE LA  NAVIDAD

Esta fiesta de Navidad ha tenido un regalo muy particular para mí… Jesús, a media noche ha nacido en mi corazón; yo lo he sentido por una gracia sobreabundante, he comprendido el por qué de su venida…; pero Él ha venido como Rey, con su cetro en la mano, el cetro de su voluntad adorable… y yo he inclinado mi frente ante la omnipotencia del Niño… Él ha venido como Pontífice, como Sacerdote, con todo lo necesario para el sacrificio, y yo por tres veces, en cada una de las Misas, me he declarado estar preparada… preparada, porque yo sé que Él ha querido que yo sea su pequeña víctima… Mi pequeño Nacimiento de este año me ha hablado un lenguaje de inmolación, de sacrificio, de muerte… Él se me ha mostrado siempre bello, radiante, pero siempre con su pequeña cruz en la mano… Es esta noche… ¡Ah! Esta noche en el momento de la comunión… ¡Oh! No; yo no sabría decir ciertamente lo que ha sucedido entre Él, el pequeño dulce Príncipe, y su pequeña criatura… Ángeles de Belén y del Tabernáculo, María, José… ¡Ah! Decid, decid, vosotros mismos lo que el pequeño Rey me ha hecho soportar en este instante, único instante… ¡Yo nada sé!… Yo no creo estar ilusionada al decir que la unión llegó a ser unidad… y que el amor era perfecto…
¡Pero esto ha sido sólo un instante… mas muy breve y aún era el cielo!… Luego los temores, las aprehensiones, la angustia de corazón… el abismo… ¡Oh! Qué dolor… Las lágrimas me han llegado a los ojos, tres, cuatro veces… pero no, yo no quiero llorar… porque el Bienamado está feliz. Él está en su felicidad, inalterable, divina; Con la condición de que Él, el pequeño Niño, esté alegre, esté contento… qué me importa… Sí, qué me importa todo lo demás de mi dolor… Yo me abandonaré a su buen gusto… durante este tiempo consagrado a su breve infancia, yo buscaré que se divierta… ¿Acaso no soy yo su juguete?… Y Él ya se ha servido de su juguete… Él ha hecho un poco de todo y también ayer por la tarde. Cómo estaba feliz de cogerlo, de tirarlo por tierra, di golpearlo… Hoy se ha divertido de un modo completamente extraño, nuevo… yo no sé a dónde llevará su línea de conducta… y decir que es un Niño… Con un niñito no se discute, es necesario darle todo… pues si tanto es poco, y si yo trato de oponerme, Él empieza a hacer sus pequeñas piruetas, sus muecas que encantan demasiado a los ángeles. Él se pone a llorar… y sí entonces… ¡se preocupan! La Santa Virgen… San José… todos se encolerizan conmigo… Y luego, ¿cómo hacer callar al querido Pequeño?… No, es necesario tenerlo contento… y si para tenerlo contento es necesario ser la pequeña víctima… Jesús, pequeño Jesús… aquí estoy… diviértete… ¡yo te complazco!
Mi querida Madre ha estado muy maternal… Ella me ha dejado un pequeño recuerdo… me ha escrito cuatro líneas… y todo esto ha hablado a mi corazón… ¡Pobre Madre! ¡Si tú lo supieras!… MMDC  NAVIDAD  – 25- 12 – 1913

 Tengo el alma inundada de gloria celestial. He ido a mi Belén eucarístico. He pedido a María su pequeño Nacimiento. He avanzado con santa audacia levantándolo en mis brazos, o mejor dicho, tomándolo de las manos de María y lo he colocado en mi corazón…
La Madre divina que había mirado en todo alrededor para ver dónde poner su pequeño Jesús, ha estado encantada al dármelo…
Jesús me ha extendido sus pequeñas manitas, ha sonreído, me ha abrazado y… ha descendido a mi corazón… ¡Ah! Este pequeño corazón ha estado abrazado súbitamente por el fuego del Amor, de este fuego que quemaba a Belén, precisamente en medio de un establo… Jesús me ha permitido entrever su pequeño corazón… Me ha dicho: “Éste es el centro”. Estas palabras han sido una revelación para mi alma… ¡¡¡Yo lo he sentido!!! Después Él me ha hecho sentir y apreciar todas las divinas exigencias del pequeño Rey… Pero en cambio me ha permitido todos los atrevidos permisos del Amor; nosotras nos hemos pagado los aguinaldos de Navidad… ¡Ah! Qué felicidad, pero una cosa…y esperé la orden del Rey… del divino pontífice, de la única Grande Víctima del Amor y de la inmolación. Ven, hija mía, mi esposa, mi pequeña víctima, mi compañera, ofrécete a mí… y apurémonos,  entreguémonos al amor, recitemos nuestra fórmula, y la hemos recitado…
¡Ah! Encanto de mi alma, las palabras temblaron en mis labios. Yo hablaba, pero era Él el que redactaba en el interior, que explicaba, que animaba.
Yo he probado las delicias inefables de su corazón y he comprendido que Jesús me unía, me hacía su compañera en el primer acto de amor que había ofrecido como víctima, allá, sobre las pajas de Belén y tuve conocimiento de ello sólo en aquel momento solemne de su nacimiento. Él tenía un consuelo, un sueño, que un día, en el tiempo, una pequeña alma como la mía se habría ofrecido a Él. Víctima de Amor, para este Verbo eterno que no tenía en el tiempo más que un minuto de existencia. Mi voto de amor había sido un motivo de divino consuelo… ¡Oh Felicidad!… ¡Oh éxtasis! ¡Oh divinas locuras del amor!
Yo siento la necesidad de abismarme, de anonadarme en mi nulidad, de adorar el designio de Aquél que es el Maestro soberano de los corazones y el cual los transforma a su gusto… ¡Ah, esta noche!… Este día… Yo no sabría andar en ningún puesto excepto en la gruta eucarística,  mi Jesús de Navidad, mi Hostia de Navidad, mi eucaristía de Navidad. Hay necesidad de silencio, de abismarse, de adorar… Todavía hoy me prepararé para el bien querido de los otros, pero no olvidaré un solo instante que soy la pequeña víctima, que yo soy suya, unida a Él, asociada de tal manera de no formar sino una sola y única víctima de Amor… MMDC  25- 12- 1914.

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