La Inmaculada Concepción

ESCRITOS SOBRE LA INMACULADA

Esta noche me he despertado oyendo resonar claras y distintas en mis oídos, o mejor dicho, en el oído de mi alma, estas palabras: “Ab initio et ante saecula creata sum” (“Desde el comienzo y antes de los siglos he sido creada”)… y lo demás que sigue. He comprendido que se trataba de mi divina Madre Inmaculada y de esto he hecho la materia de una larga meditación. Mi querido Jesús me ha permitido entrar muy íntimamente en este pensamiento. María, su divina Madre, ha sido el objeto de las complacencias de la Trinidad adorable… María, ha ocupado el pensamiento del Padre que, mirándola como a su Hija, la enriquecía desde entonces con los tesoros de su omnipotencia. Ella ha sido el pensamiento del Hijo que detenía la corriente de la culpa original ante sus pies inmaculados y que se ofrecía a los dolores de su pasión para preservar a su divina Madre de toda mancha… Ella, María, ha sido por toda la eternidad el pensamiento del Espíritu divino que se unía a través de la relación del amor divino… y exclamaba: “Una est columba mea. Una est perfecta mea…” (“Una es mi paloma. Una es mi perfecta…”). He permanecido mucho tiempo bajo la influencia de esta contemplación de amor de la Trinidad tres veces santa y de la Virgen Inmaculada… De ello he quedado extasiada… y yo he exultado de felicidad por causa de la gloria, de la grandeza del amor de esta criatura: “¡humilde y alta, más que cualquier otra criatura, término fijo del eterno consejo!…” Y María se ha fijado en mí con su mirada materna. Ella de inmediato me ha hecho ver toda la economía de la Providencia para mis propósitos, confiándome, ya desde que era toda pequeña, a la vigilancia materna de esta divina Madre… Todos los hechos principales de mi vida se han desarrollado uno después del otro delante de la mirada de mi alma y por todas partes yo he encontrado un nombre: “María”. Por todas partes un amor: “¡Amor de María!”. Una figura ha aparecido junto a mí… mi pobre mamá… El asunto es demasiado doloroso, demasiado sensible… María me ha consolado… Ella me ha dicho en forma clara y distinta: “No, esta alma no se perderá; un alma que lleva el nombre de mi Concepción Inmaculada, que ha nacido en este bendito día…; no, esta alma es mía….” Y al mismo tiempo he comprendido una cosa que me ha hecho brincar de alegría… Mi voto ha sido agradecido por Jesús… María se lo había presentado… Jesús lo había sumergido en su corazón… Pero me es necesario un duro trabajo: inmolación, crucifixión… muerte… sobre todo muerte mística… He vuelto a hacer la santa meditación, me he tranquilizado, animado, alegrado… he renovado todos mis santos compromisos….   MMDC    8 -12- 1913

A.M.D.G.
Magnificat anima mea Dominum… DEO gratias!” (“¡Engrandece mi alma al Señor… Demos gracias a DIOS”! El vivo deseo de nuestros corazones y especialmente el de mi corazón se ha tranquilizado… Sí, ayer, 8 de diciembre, fiesta de la INMACULADA y clausura del AÑO MARIANO, nosotras pudimos hacer nuestra bella fiesta, a la que habíamos aportado todo nuestro entusiasmo filial en la preparación interna y externa… Mas allí ha sucedido una cosa del todo especial en este acontecimiento, que amerita ser bien anotado… Parece que nuestra querida Madre había querido jugar un poco con us hijas… pero siempre con la intención de mostrarnos cada vez más su protección materna y su amor materno. Sí, cualquier cosa, que ha causado impresión a todas y no digo lo que ha podido experimentar mi corazón… considerando todo aquello que había pensado… y el pacto que había hecho con ELLA, mi dulce Mamá. Escribiré aquí el desarrollo de los hechos… y lo escribo a máquina para hacerlo más rápido y para ponerlo en mi diario… Es para mí… y sólo para mí… Y empiezo desde el principìo. Con una corazonada del todo especial había avisado a todas y a cada una de las casas de nuestra Sociedad de lo que aquí en Roma, en la Casa General, se habría querido hacer para concluir el sagrado AÑO de MARÍA. Y fue en verdad muy consolador el ver cómo de todas las casas se correspondió a lo que se pedía. Mientras tanto yo aquí había escogido el 5 de diciembre para hacer la inauguración de la estatua del Corazón Inmaculado de la dulce María y, después de la bendición litúrgica, hacer el solemne Acto de Consagración de la Casa y de nuestra Sociedad. Los preparativos se hicieron sin economizar tiempo, fatiga y dinero…  MMDC  8 – 9 de diciembre 1954.

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